-He observado también -añadió ella- que posee usted una cualidad especial en un esgrimista... Eso que los expertos llaman... ¿Cómo se dice? Sentiment du fer. ¿No es cierto? Según parece, sólo lo poseen los tiradores de talento.
Hizo don Jaime un vago gesto afirmativo, quitándole importancia al asunto; aunque en el fondo estaba halagado por la perspicacia de la joven.
-No es sino fruto de un largo trabajo -respondió-. Esa cualidad consiste en una especie de sexto sentido, que permite prolongar hasta la punta del arma la sensibilidad táctil de los dedos que sostienen el florete... Es un instinto especial que advierte de las intenciones del adversario y permite, a veces, prever sus movimientos una pequeña fracción de tiempo antes de que se produzcan.
-También me gustaría aprender eso -dijo la joven.
-Imposible. Eso ya es sólo cuestión de práctica. No hay en ello ningún secreto; nada que pueda adquirirse con dinero. Para tenerlo, es necesaria toda una vida. Una vida como la mía.
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Texto: Arturo Pérez-Reverte, El Maestro De Esgrima
Fotografía: Jean-Baptiste Mondino
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(Dalí y Gala fotografiados por Cecil Beaton en 1936)






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