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Séptimo día
NOCHE
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Donde, si tuviera que resumir las prodigiosas revelaciones que aquí se hacen, el título debería ser tan largo como el capítulo, lo cual va en contra de la costumbre.
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___Nos encontramos en el umbral de una habitación cuya forma era similar a la de las otras tres habitaciones ciegas heptagonales, y donde dominaba un fuerte olor a cerrado y a libros macerados por la humedad. La lámpara, que mi brazo mantenía elevada, iluminó primero la bóveda. Después la bajé y, a izquierda y derecha, la llama despidió vagos resplandores hacia los anaqueles lejanos, dispuestos a lo largo de las paredes. Por último, vimos, en el centro, una mesa, cubierta de pergaminos, y detrás de ella una figura sentada, que parecía esperarnos inmóvil en la oscuridad, suponiendo que aún estuviera viva. Antes, incluso, de que la luz iluminase su rostro, Guillermo habló:
_Buenas noches, venerable Jorge-dijo-.¿Nos esperabais?
__Ahora que habíamos dado unos pasos hacia adelante, la lámpara alumbró el rostro del viejo, que nos miraba como si pudiera ver.
_¿Eres tú, Guillermo de Baskerville?-preguntó-.Te espero desde esta tarde antes de vísperas, cuando vine a encerrarme aquí. Sabía que llegarías.
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Texto: fragmento de la novela de Umberto Eco, El Nombre De La Rosa.
Dedicado a William de Baskerville.






Pero azar de los azares, ni la Princesa ni el Príncipe contaron con un opositar tan inesperado como el pueblo de Mónaco, que mediante plebiscito se negó rotundamente a que Su Alteza Serenísima interpretara a una ladrona. Es cierto que 











































