Entre el gran despropósito que supuso el Frankenstein de Mary Shelley y su obra magna, Hamlet, Kenneth Branagh nos deleitó con una comedia de bajo presupuesto, sobre un grupo de actores que quiere montar una obra de teatro: Hamlet, de nuevo. Rodada en blanco y negro, la guinda del pastel la ponía la presencia sorprendente de Joan Collins en el reparto, de la que siempre me pregunté qué la había llevado a participar en una obra tan personal y sin pretensiones como ésta.









