"[...]Un año más tarde, cuando la película está nominated, es decir, seleccionada para los Óscar de Hollywood y nos encontramos trabajando en el proyecto siguiente, cuatro periodistas mexicanos a los que conozco nos localizan y vienen a almorzar en el Paular. En el transcurso de la comida me hacen preguntas, toman notas. Naturalmente, no dejan de preguntarme:
—¿Cree usted que obtendrá el Óscar, don Luis?
—Sí, estoy convencido —respondo, muy seriamente—. Ya he pagado los veinticinco mil dólares que me han pedido. Los norteamericanos tienen sus defectos, pero son hombres de palabra.
Los mexicanos no ven malicia alguna en mis palabras. Cuatro días después, los periódicos mexicanos anuncian que yo he comprado el Óscar por veinticinco mil dólares. Escándalo en Los Ángeles, télex tras télex. Silberman llega a París, muy molesto, y me pregunta qué locura me ha dado. Le respondo que se trata de una broma inocente.
Después de lo cual, se calman las cosas. Transcurren tres semanas y la película obtiene el Óscar, lo que me permite repetir a mi alrededor:
—Los americanos tienen sus defectos, pero son hombres de palabra.
(LUIS BUÑUEL, Mi Último Suspiro)
. . .
. . .

















